Publicado el Lunes 29 de Septiembre del 2014

En Adiós al capitalismo. Autonomía, sociedad del buen vivir y multiplicidad de mundos, el economista y ensayista francés Jerome Baschet, radicado hace más de quince años en Chiapas, explora una alternativa a los modelos de organización social contemporáneos fundada en su propia experiencia con los zapatistas y el estudio de diversas posibilidades altermundistas.

El libro, publicado por la flamante editorial Futuro Anterior, es el segundo de la serie que abrió el también ensayista argentino Esteban Rodríguez Alzueta.

Baschet es investigador de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y de la Universidad Autónoma de Chiapas. Estuvo unos días en la Argentina, donde dictó un seminario y presentó su libro.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

por Pablo Chacón

T: Usted dice que existe una base material de la sociedad poscapitalista. ¿Podría ampliar ese concepto?

B: En los años recientes, se ha dicho que existe, en las formas de producción y comunicación basadas en la revolución digital, una fuerza que entra en contradicción con las lógicas capitalistas de apropiación para la ganancia. Todo lo que asume una forma digital, software, conocimiento, producciones audiovisuales, etcétera, puede multiplicarse y compartirse sin límites. Eso orienta hacia formas de producción cooperativas y abre posibilidades de difusión gratuita. Algunos autores, como Hardt y Negri, han hecho de esos procesos la fuerza viva del trabajo cognitivo que aspira a liberarse del parasitismo del capital. Sin embargo, los seres humanos no vivimos solamente de software y demás producciones inmateriales. Hablando de base material, creo que sería más pertinente subrayar que la capacidad productiva a nivel mundial ya alcanzó niveles suficientes para alimentar correctamente a toda la humanidad y cubrir nuestras necesidades fundamentales.

El problema es una repartición sumamente desigual, en especial con carencias alimentarias en el Sur y sobreconsumo y desperdicio en la cadena de distribución agro-industrial, en el Norte (y el Norte del Sur). Otra cuestión es que las formas más avanzadas del capitalismo nos llevan a un exceso en la cantidad de bienes acumulados y también un exceso en la complejidad tanto de las mercancías producidas (cada vez más concebidas para llegar a una rápida obsolescencia, provocando montañas de desechos de todo tipo) como del modelo de producción y distribución (llegando al absurdo de transportar de un lado para otro del globo bienes que antes se producían localmente, con efectos agravantes en términos de contaminación y acentuación del cambio climático). Una sociedad poscapitalista sería, en primer lugar, una sociedad liberada de la compulsión productivista del capitalismo,que necesita producir para la ganancia y a veces, producir para producir, solamente porque los equilibrios macro-económicos no pueden mantenerse sin crecimiento. Decir esto, no implica plantear que volvamos a la prehistoria, como se dice a veces, pues muchas tecnologías pueden considerarse como pertinentes para la humanidad. Pero en una organización poscapitalista menos especializada y con un mayor grado de simplicidad, una parte importante del aparato de producción de bienes y servicios podría desmantelarse, para eliminar sectores que esa mayor simplicidad haría inútiles así como otros que son francamente dañinos para la salud y la vida humana y no humana.
  

T : El título de su libro recuerda, inequívocamente, a Pierre Clastres, su antropología; menos, creo, a su economía de subsistencia, que parece fundar un modo del lazo social. ¿Cuál cree usted es el modo del lazo social hegemónico en el mundo actual?

B : Se sufre, en todas partes del mundo, una disolución tendencial del lazo social. El individualismo exacerbado y los efectos del gobierno mediante el miedo fomentan la desconfianza y destruyen poco a poco nuestra capacidad de abrirnos a los demás y actuar de manera colaborativa. A los niños, se les enseña el culto al éxito personal y la competencia, más que la capacidad de cooperación entre todos. La competencia se ha vuelto la norma dominante del mundo neoliberal. No se trata de un mecanismo en pro del mejoramiento de la vida humana, sino de una competencia excluyente, en un contexto en el cual se nos explica que no hay lugar para todos. La cara oculta del culto al éxito es el miedo a la exclusión, al desempleo, a la muerte social. Se trata de salvarse a costa de los demás. Por otro lado, en este mundo tan individualista, en el cual los egocentrismos dificultan la construcción colectiva, las fragilidades psíquicas aumentan tremendamente: estrés, depresiones, vacío en las subjetividades, suicidios en el trabajo, sin hablar de los homicidios cometidos con la única finalidad de llamar la atención y de existir. Vivimos en un sistema cada vez más injusto, el más patógeno que haya existido en la historia de la humanidad.

T : ¿Cómo pensar en decir adiós al capital cuando casi no existen relaciones sociales por fuera de ese discurso? Así, lo mismo sucede con el espectáculo según lo entendía Guy Debord. ¿Cuál es su opinión?

B : Lo que acabo de decir de las relaciones sociales en el mundo moderno expresa una tendencia, que va ganando terreno. Sin embargo, a pesar de vernos cada vez más colonizados por los valores mercantiles, siguen existiendo espacios en donde las relaciones humanas se basan en la confianza, la amistad, el apoyo mutuo, la generosidad. Es lo que hace la vida posible. En lo que se refiere al dominio del espectáculo, una de sus trampas es precisamente hacernos creer que la realidad se reduce a lo que nos muestran. Lo que no se ve en los medios, no existe. Pero, sí, existen otras realidades, hasta otros mundos, impensables desde las lógicas dominantes y sin embargo reales, tangibles, como es el caso de la experiencia zapatista en Chiapas, en el sur de México, y también de muchas otras experiencias alternativas emergentes.

Llevo diecisiete años viviendo en Chiapas, donde el 1ero de enero de 1994 se escuchó el Ya basta! de los mayas, que se levantaron contra del olvido y el desprecio, en un gesto que también fue la primera rebelión en contra del neoliberalismo y un antecedente notable de las movilizaciones altermundistas. Desde ese momento, los zapatistas no han dejado de renovar la práctica y el pensamiento políticos. Entre 2009 y 2012, durante cuatro años, quedaron muy silenciosos y no tomaron iniciativas importantes, así que en los medios y en  las esferas del poder, empezó a circular la idea de que el movimiento se estaba acabando, además de que el subcomandante Marcos estaba muy enfermo, si no es que muerto. Pero el 21 de diciembre de 2012, 40 mil zapatistas ocuparon pacíficamente cinco ciudades de Chiapas, demostrando que son mucho más y empezaron a anunciar una nueva etapa de su lucha. Para muchos la sorpresa fue total y tuvieron que reconocer que los rumores de descomposición estaban equivocados. Se vio que la fase anterior de silencio, y por lo tanto de muerte mediática, era en realidad un momento de gestación y de preparación de lo que iba a seguir.

T: ¿Cree usted que las redes sociales y las mutaciones financieras podrían ser de otra manera, si se sabe que buena parte de la liquidez proviene de actividades ilegales?

B: Efectivamente, el peso de las actividades ilegales se ha vuelto una parte indisociable e indispensable para los mecanismos económicos y financieros globales. No pueden eliminarse las primeras sin eliminar los segundos... Es decir, no hay solución si quedamos encerrados en el marco de la realidad presente, en sus lógicas fundamentales que se imponen hoy en día a nivel planetario. Los desastres económicos, financieros, ecológicos, sociales, humanos que se acumulan nos obligan, con cierta urgencia, a intensificar la reflexión sobre la posibilidad de una organización colectiva totalmente diferente. Por eso, el libro pretende reabrir el futuro, un futuro más allá del capitalismo. De hecho, el capitalismo ha dejado de lograr convencernos de que representa el fin de la historia, como en los 90, cuando triunfaba el neoliberalismo. Se empieza a sacudir el fatalismo que pretende encerrarnos en el mundo tal como va. Tomar consciencia de las potencialidades positivas que se abrirían para la humanidad al liberarse del capitalismo sería un paso más. Se trata de reconstruir un imaginario alternativo, que sin embargo no es utópico en el mal sentido de la palabra utopía, pues ya no pretende definir de antemano el modelo de una sociedad ideal y perfecta. Tampoco es optimismo, pues los guiones que llevan al desastre siguen siendo los más probables. El libro solamente trata de abrir una mínima esperanza, que sin embargo es importante para cambiar nuestra manera de pensar y la forma en que actuamos en el presente.

T: ¿Existen grupos, formas de vida, cooperativismo, que pone en práctica las ideas de su libro? En cualquier caso, ¿cómo gestionar las jerarquías en un mundo plural?

B: Si bien existen otros ejemplos, la experiencia del zapatismo es la fuente de inspiración principal del libro. Durante veinte años, los zapatistas han logrado avanzar en la construcción de una forma de organización propia, sin relación alguna con el Estado, que ellos llaman autonomía.Han creado municipios autónomos y a nivel regional, cinco Juntas de buen gobierno que coordinan las acciones de estos municipios. Todo esto en un territorio cuya extensión es equivalente a la de la provincia de Misiones. Ahí tienen su propio sistema de justicia; han construido, de la nada, un sistema de educación autónomo, con cientos de escuelas primarias y escuelas secundarias, así como también un sistema de salud autónomo. Es impresionante lo que han conseguido en un contexto sumamente adverso y con recursos muy limitados.Pero no se trata de pensar una autonomía regional en el marco del Estado nacional, sino de experimentar una concepción diferente, la de una organización política no estatal. Parte del principio según el cual la gente es capaz de gobernar y de gobernarse. Rompe con una concepción especializada de la política, como tarea de expertos. En la experiencia de la autonomía, todos y todas aprenden a ser gobierno. Los cargos son servicios a la comunidad, sin salario ni ventaja material; son electivos, revocables y rotativos. Muchas veces, quienes llegan a cumplir estas tareas, asumen que no saben como hacerlo, y por eso aprenden poco a poco, escuchando y consultando al pueblo, en las asambleas comunitarias, municipales y de zona. Los que tienen cargos siguen viviendo de la misma manera que los demás, sin que se crea para ellos un universo separado del mundo de la vida real.  

T: ¿Con qué otros pensadores discute, interlocuta, cambia opiniones? ¿Su opinión sobre las tesis de Thomas Piketty?

B: El desafío consiste en reconstruir una opción emancipatoria fuera del capitalismo, rompiendo a la vez con el encierro en el presente perpetuo del neoliberalismo y con las formulaciones del proyecto revolucionario que, a lo largo del siglo XX, llegaron a generar otras formas de barbarie. Lo que propone el libro es una perspectiva anticapitalista no estatal, no productivista y no occidentocéntrica. Ya hablé de los dos primeros aspectos. En lo que se refiere al ultimo, los zapatistas hablan de un mundo donde quepan muchos mundos. Esto implica, al contrario de lo que suponían las visiones dogmáticas del planteamiento revolucionario, que nunca habrá una forma única de la sociedad liberada del capitalismo. También implica reconocer que el pensamiento de la modernidad no tiene el monopolio del proyecto emancipatorio. Para elaborar estas reflexiones, el libro dialoga, entre convergencias y divergencias, con autores como John Holloway, Toni Negri, Miguel Abensour, Moishe Postone, pero también autores que han cuestionado las instituciones del mundo moderno, como Ivan Illich. Están también muy presentes las contribuciones de antropólogos como Eduardo Viveiros de Castro, Philippe Descola, Marshal Sahlins o el mismo Pierre Clastres, ya que pensar un futuro poscapitalista implica no solamente cambios profundos en la producción y la organización política, sino también revoluciones antropológicas de gran envergadura, en especial nuestras concepciones de lo humano, en sus relaciones con el conjunto de la vida en el planeta. El libro es un ir y venir entre las aportaciones de autores como estos y las contribuciones teóricas y prácticas de los zapatistas. Es impactante ver como sus afirmaciones, sencillas y profundas a la vez, pueden, para dar unos ejemplos, poner en crisis a la filosofía del Estado de Hegel, o también prolongar y actualizar lo que escribieron Theodor Adorno o Walter Benjamin.

Fuente: 
Télam

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